Cacaxtla: riqueza ancestral de Mesoamérica

Actualizado: ene 7


Ubicada en la actual región del valle poblano tlaxcalteca, la zona arqueológica de Cacaxtla se yergue como un estandarte cultural rico en historia y presencia maya y teotihuacana. Este centro ceremonial contiene las mejores muestras de pintura mural prehispánica que se conocen hasta nuestros días.

La palabra Cacaxtla proviene del vocablo cacaxtli que en náhuatl significa “canasta para transportar mercancías diversas”. Las investigaciones han revelado datos significativos; no obstante, aún se desconoce mucha información de esta zona, cuya población construyó una ciudad sobre otra aproximadamente entre los años 650 a 900, precisamente cuando el sol de Teotihuacan llegaba a su poniente.

De acuerdo con el INAH “en el sitio se aprecia un sistema de construcción usado también en otros lugares de Mesoamérica, que consistía en levantar un edificio sobre otro anterior que quedaba oculto, de la misma manera en que quedan ocultas las capas de una cebolla”. Lo anterior permitió que se erigiera un edificio sobre otro en diferentes etapas constructivas y de esa forma las más recientes eran las que quedaban visibles, tal como ocurriría siglos después en el Templo Mayor de Tenochtitlan, donde cada fuego nuevo (ciclo mesoamericano de 52 años, correspondiente a un siglo) se construía una nueva estructura sobre la anterior como símbolo de renacimiento a una nueva era.

Dichas construcciones ocultas han sido descubiertas y en ellas se han encontrado recintos, patios y templos; incluso, se han encontrado desagües que les permitían vaciar el agua de lluvia, lo que demuestra el grado de avance en que se encontraba esta civilización. De la misma forma, al ir descubriendo las estructuras ocultas, salieron a la luz vestigios pictóricos de gran calidad y belleza que representan el legado más relevante de Cacaxtla: sus murales.

Es importante hacer hincapié en que las investigaciones han descubierto cinco cuerpos constructivos sobrepuestos y entre ellos se encontraron los murales, que son la prueba de que la manifestación artística era trascendental para estos pobladores conocidos como Olmecas-Xicalancas (aunque recientes investigaciones los ubican como paleo olmecas), y cuya presencia seguirá existiendo a través de su legado, ya que sus expresiones gráficas con abundante colorido, elementos simbólicos, la representación de sus rituales, personajes e ideas religiosas, han llegado hasta nuestros días con espléndida claridad, y ello permite la comprensión de su universo y del pasado mesoamericano que aún nos sorprende.

Los protagonistas de estas obras cuentan con un cuerpo delineado en negro que delimita el exultante colorido: tonos azules, de ese azul tan maya que se identifica debido a su peculiaridad, amarillos, blancos y los famosos tonos rojos teotihuacanos, todos ellos testimonio del alto nivel comercial que alcanzó la región. Entre los diversos personajes destaca un anciano ataviado lujosamente y con un tocado de jaguar, quien porta un cacaxtli con dos vasijas con tapa y un atado de plumas de quetzal, valioso símbolo de abundancia.

Quizá el vestigio pictórico más destacado entre todos es el llamado “Mural de la Batalla”, con 22 metros de largo. Tiene un fondo azul y muestra a dos grupos enemigos: por una parte, hombres jaguar con lanzas y cuchillos, y por otra, hombres ave sin armas y en actitud de derrota y sometimiento, personas condenadas a muerte y de origen maya.

Los murales están presentes en los denominados Templo de Venus y Templo Rojo, así como en la representación del Mural del Hombre Jaguar. Todos pintados en frágiles paredes con pigmentos provenientes del caolín, la cal, la obsidiana y minerales de la región que se utilizaron para plasmar batallas, estrellas, agua y serpientes, entre otros elementos visuales de gran trascendencia.

Por supuesto, esta zona que revela el rostro del pasado, puede disfrutarse además en compañía de los platillos locales como quesadillas y tlacoyos de flor de calabaza y epazote, acompañados de nopales, escamoles, gusanos de maguey y algunas otras delicias como la tradicional bebida de amaranto típica de la región.

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Por: Elisa González

Doctora en historia del arte y chef

Recorridos culturales y gastronómicos/www.puravidacultural.mx

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