La generación de los blanditos Niños mimados = adultos débiles


Hace algunas décadas era totalmente normal que las familias tuvieran 10 hijos o más, la esperanza de sobrevivir era menor y en promedio 7 de los hijos llegaban a ser adultos. Además, el área rural tenía menos tecnología y se necesitaba mucha mano de obra en el campo, que heredaran la tierra y se hicieran cargo de los padres en la vejez. Aunque se escuche cruel, los hijos podían ser sustituidos.

Recordemos una famosa escena de la película “Cuando los Hijos se Van”, en donde el papá corre al buen hijo porque cree que es malo y le dice que no lo quiere volver a ver, que ha muerto para él. En aquellos momentos no había que gastar en psicólogos dado que había más sucesores que sacaran la casta y llenaran de orgullo a los padres.

Actualmente el tamaño de las familias ha disminuido considerablemente, las familias actuales tienen uno o dos hijos máximo. Los niños y niñas se han convertido en un bien escaso, lo que es escaso también se convierte en valioso y todo lo valioso se procura más. En la década de los 80s surgió el fenómeno del niño emperador, al que se le proporcionaba todo lo que el infante pedía para no causarle molestias convirtiéndose en padres helicóptero; los papás se dedican a sobrevolar el camino por donde pasará el crío, para identificar los obstáculos que existieran y prepararlos con los conocimientos extras para que les costara menos trabajo el camino, evitándoles la experiencia del desagrado, la incomodidad y los retos de la vida.

Hoy por hoy, nos encontramos en la llamada “Generación de los Blanditos”, niños a los que sus padres los han cubierto con una especie de cúpula de cristal para sobreprotegerlos de cualquier trauma físico y/o psíquico que los pueda dañar. A diferencia de los hiperpadres o padres helicóptero, ellos no preparan a sus hijos para que resistan el camino, sino que tratan de modificar el camino para que los críos no tengan ningún obstáculo. Por ejemplo, preferirán cambiarlo de la escuela o gestionar con las autoridades para que les quiten tareas que ellos consideran exageradas, por el daño psicológico que esto pueda acarrearles en un futuro.

Los padres de esta generación se la pasan viendo el futuro de sus hijos pero ponen poca atención al presente, si convivieran más con ellos se darían cuenta hasta dónde son capaces de llegar y cuáles son sus limitaciones reales.

Con todo lo anterior, en lugar de eliminar el sufrimiento de los hijos se está postergando el mismo. En una vida adulta esta generación de los blanditos no sabrá cómo lidiar con el dolor ni sabrán resolver sus problemas. La frustración ayuda a crear nuevas soluciones. Esta generación de padres inhiben la capacidad de liderazgo del hijo.

En este momento ya se ven en los consultorios a niños blanditos, que son llevados por no saber defenderse, por tener depresión, o por continuar con berrinches a edades en que ya debieron dejarlo.

Como dicen algunos, el análisis de uno mismo debería ser un artículo de la canasta básica para encontrar las herramientas y el potencial de uno mismo para el mejor desarrollo.

Características de los niños que pertenecen a la “Generación blandita”

  1. Tienen pobre tolerancia a la frustración.

  2. Están acostumbrados a que sus padres les resuelvan los problemas.

  3. No saben defenderse.

  4. Carecen de iniciativa.

  5. En caso de que las cosas se compliquen prefieren abortar el proyecto.

  6. Tienen poca capacidad para administrar sus emociones y utilizarlas a favor de lograr metas.

  7. No saben hasta dónde llegan sus capacidades, pues nunca se tuvieron que retar a sí mismos.

  8. Viven como víctimas de otros compañeros o maestros.

  9. Son obedientes con quienes creen que los protegerán.

  10. Suelen ser miedosos y poseen una escasa capacidad de afrontamiento.

  11. Muestran escaso interés y preocupación por los demás, dado que se acostumbran a centrarse solo en sus propios deseos y necesidades.

  12. Creen que no pueden enfrentarse a las situaciones sin ayuda y en el momento en el que tienen que hacerlo se vienen abajo.

Características de padres y madres de la “Generación blandita”

  1. Padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio.

  2. Padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse.

  3. Padres que le hacen los deberes a los niños.

  4. Padres que a toda costa buscan evitar el “sufrimiento” de sus hijos

  5. Cuando un niño no copió la tarea en casa, los padres buscan desesperadamente a sus compañeros o al profesorado para que los ayude.

  6. Son demasiado permisivos, provocando que sus hijos se sientan con el derecho a recibirlo todo y que es el centro del universo.

  7. Suelen decir frases como: “Yo no quiero que mi hijo tenga las carencias que yo tuve”; “Quiero que él o ella realice lo que yo no pude lograr”, “Cuidado, te vas a caer”, “Si saltas te harás daño”, “Si juegas demasiado en el parque te ensuciarás la ropa…”

  8. Generalmente, son padres que muestran un alto grado de afecto y comunicación pero un bajo nivel de límites y exigencias.

  9. Ven a su hijo como pequeño, débil, indefenso. Por tanto, entienden que su función es protegerles, evitarle cualquier tipo de contrariedad o incomodidad.

  10. Se sienten angustiados, ansiosos o culpables cuando sus hijos experimentan emociones negativas.

  11. Evitan que sus hijos vayan a excursiones o duerman fuera de casa.

  12. Se adelantan a los deseos y necesidades de sus hijos.

  • Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada.

  • Una buena dosis de tolerancia a la frustración y de demora a la gratificación son necesarias para que los chicos desarrollen potencialidades y también valores, para fijarse logros y obtener satisfacciones, para valorar los esfuerzos que suponen las metas a largo plazo y constituirse como sujetos más empáticos.

  • No se trata de “endurecer” o “ablandar” mientras se educa, se trata de dotar a los menores con las herramientas básicas que les permitan afrontar lo adverso, reconocer las oportunidades de crecimiento y “medir” su capacidad de adaptación a los diferentes entornos, cada vez más cambiantes y exigentes.

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Te invito a que si te reconociste con lo que has leído tomes acción.

Diana Rodríguez es psicoanalista

danarova@gmail.com

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#educación

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