40 años encantando alumnas


¿Cuántos maestros recuerdas que te hayan inspirado a ser mejor y aprender más? Que haya sido exigente, que te tronara y te hiciera ver tu suerte, pero que al final sacara lo mejor de ti porque su pasión era enseñarte. Y justo una maestra súper exigente pero con muchísima pasión, entrega y amor por enseñar nos cuenta parte de su historia durante 40 años de docencia.

Graciela Mainero, “Chela” como todos la llaman, maestra de Historia de primaria, secundaria y preparatoria; madre de 3 hijos, esposa y súmamente creativa para enseñar una materia que a muchos parece tediosa.

¿Cuándo comenzó tu historia como maestra?

“Comenzó en 1977, tenía 22 años, saquen cuentas de mi edad, jeje. Siempre quise ser maestra, eso lo tuve clarísimo, desde niña jugaba a serlo. Quise entrar a la Normal, pero influenciada por mi papá de que estudiara una licenciatura, me decidí a juntar mis dos pasiones: la Historia y la Docencia. Así que estudié para dar clases de historia, la diferencia: el historiador en México está muy dirigido hacia la investigación, me gusta, pero nunca me he dedicado a ella, siempre tuve muy claro el dar clases”.

“Mi primera experiencia dando clases fue en una escuela muy chiquita, en primero y segundo de secundaria. Tenía 5 y 6 alumnas, y para mi fue como seguir jugando a dar clases, eso me permitió manejar mi relación con mis alumnas de una manera muy personal. He llegado a tener grupos muy grandes y nunca perdí ese toque personal, de una manera cercana, afectiva, era como su hermanita mayor, luego pasé a ser su mamá y hoy en día soy como su abuela, jeje…”.

De mente inquieta, analítica y ordenada, Chela logró combinar vocación, creatividad y exigencia académica, estableciendo límites, autoridad y respeto en sus clases, era como una encantadora de alumnas.

“Un buen maestro no se puede quedar meramente en lo académico, puede que domines tu materia, pero si te quedas solo en seguir el programa, te vuelves un informador, y un maestro además es un formador, por eso es muy importante el tipo de relación que estableces con los alumnos, es todo un proceso de aprendizaje como enriquecer la parte informativa con una parte formativa”.

Así generaciones de niñas, vivieron la historia mediante actividades tan creativas como divertidas, haciendo piñatas, ferias de naciones, altares de muertos o de dolores, exposiciones creativas, exámenes tipo el juego del maratón, museo de cera viviente o una pasarela de moda histórica.

“Hoy en día hago un trabajo con mis alumnas que le llamé México en el alfabeto y trata de sacar una letra del alfabeto, hacer un listado de palabras relacionadas con México con esa letra. Después realizan un video de presentación con música, comida y temas todos relacionados con la misma ¡Les encanta!

He hecho juicios de historia de México, donde hay un enjuiciado, abogados defensores, fiscal, testigos, juez, y así cada niña toma un personaje y lo actúa… siempre estoy ingeniándomelas para hacer cosas que sean significativas para que aprendan y recuerden”.

Tantos años y varios grupos a la vez ¿Llevas la cuenta de cuántas niñas-mujeres hayan pasado por tus clases?

“No la verdad, pero por la cantidad de amigos que tengo en facebook me sorprendo, parecería que yo le doy cabida a cualquiera, pero son personas que me buscan, y haciendo cuentas, cada ciclo escolar con 3 o 4 grupos a la vez de 35 alumnas aproximadamente, por todos estos años serían aproximadamente de 3000 a 5000 niñas la cantidad de alumnas que han pasado por mis manos. Hay ocasiones en que me saludan y no tengo la menor idea quién es”.

Como maestra historiadora, de esas 5 primeras alumnas hasta ahora, ¿Cuáles han sido los cambios que tú has percibido y reflexionado a lo largo de tu carrera?

“Mis alumnas de los años 70-80 caminaban por la vida de una manera sencilla y estructurada. Escribían cartas y leían mucho más, por lo tanto tenían más vocabulario y eran más curiosas. Sus expectativas no giraban tanto en torno a lo material, el divorcio casi no existía y había un respeto hacia la autoridad, no porque no pudieran cuestionar, pero era de una manera respetuosa. Por otro lado, se tenía una vida más corta en el sentido profesional y no se tenía el manejo tan extraordinario de la tecnología de hoy en día. No existía el internet, así que no tenían el mundo a la mano y tenían que esforzarse más”.

“Mis alumnas actuales, toman las oportunidades que el mundo de hoy les ofrece, han crecido a la par de los varones en idiomas, viajes, trabajos, estudios. Pero me impresiona como han perdido prácticamente el expresarse correctamente, porque ya no saben escribir y casi no leen, esto repercute en una pérdida de vocabulario porque sólo “textean o mandan emoticones”. Son más irrespetuosas y siento que hay una confusión en los valores familiares, a sus relaciones personales, a los valores per se, el concepto de valor universal ya no existe, todo es relativo”.

Las nuevas generaciones ya no se quieren comprometer en nada mucho menos en un matrimonio, tu con 29 años de casada y 3 hijos, ¿Por qué crees que ya no se quieren casar?

“Tiene que ver con este cliché que se utiliza hoy en día, “la cultura del desecho”, las cosas ya no duran para que sigas comprando el nuevo modelito. Vivimos en la cultura de lo inmediato y eso ha permeado en nuestra vida personal, de tal manera que medimos nuestra existencia también con base en el desecho, si algo no me sirve, me deshago y ese algo puede ser un trabajo, un novio o un matrimonio”.

“Por otro lado, está la parte muy cómoda del utilitarismo: ¿para que me sirve casarme? No se piensa en asumir un compromiso de casarse con todo lo que conlleva. Se piensa: que saco yo de esto; el concepto de pareja se ha perdido, las nuevas generaciones son muy egoístas, quizá estoy generalizando pero la cultura occidental tiende al egoísmo, y entonces al pensar en ti primero, todo lo demás te estorba si quieres tener solo cuestiones materiales. No está mal que pienses en ti y en tu desarrollo profesional, todos tenemos derecho, pero tanto hombre como mujer pueden combinar familia y profesión poniendo todo en su debida dimensión”.

Chela logra lo que pocos maestros, ya que en la parte laboral y en el sentido académico es muy estricta, no tiene piedad para reprobar a alguna alumna, pero permite una relación cálida y empática para convertirse en una acompañante si la alumna quiere mejorar. Su ánimo por dar clases no decae, porque como nos cuenta, el ser maestro es una experiencia riquísima, cada día es diferente:

“…más de 200 alumnas y cada una cada día tiene un problema diferente, la que no trae un problema hormonal, trae uno familiar, personal, amoroso o enferma, y eso lo hace ser muy dinámico. A veces están muy simpáticas, otras odiosas, te vas adaptando y eso me divierte muchísimo. Actúo, hablo me muevo, cuento chistes, de alguna manera tengo la capacidad de captar la atención de mis alumnas”.

Curiosamente la vida también la llevó a ser maestra de escuelas de puras niñas y además de sus dos hijas, la mayor no fue muy feliz con el hecho, pero aceptó que era su trabajo, en cambio con la chica tuvo una relación más manejada, ya que fue su maestra desde 3ro de primaria y además a la niña le encantaba la historia. Con ese grupo, que lo utilizó como piloto, realizó un proyecto de libros de historia para primaria que después se imprimieron. Estos libros, “para divertirse y aprender” de Editorial Patria, englobaban gran parte de su forma de dar clases, con Sabino el buho una mascota que ayudaba a que la historia de México se hiciera mucho más fácil de aprender. Cada época de la historia estaba determinada por un color, y remataba con diversas actividades para que el alumno hiciera de manera lúdica ya fuera una máscara de jaguar en la época precolombina, o tener una línea de tiempo con tarjetas de colores. Desafortunadamente cambiaron el programa educativo y ya no se reimprimieron.

Estás próxima a jubilarte, ¿qué vas a hacer cuando sea el ultimo día?

“Pues mira, me dan ganas de llorar, el tomar la decisión de jubilarme ha sido una decision muy difícil porque es poner fin a una vida, mi vida ha sido dar clases, no me arrepiento en absoluto de haberla tomado, prefiero tomarla yo a que la tome alguien, o hacer desfiguros cuando ya no pueda. No me pregunto que voy a hacer, porque tengo muchos proyectos que realizar, seguiré dando clases pero ya no de una manera tan rutinaria y burocrática, la calificadera me pesa ya bastante. Tengo un grupo de señoras, uno de parejas, voy a sus casas y les armo cursos de historia, platicamos de historia de medio oriente que es mi mero mole, historia de las culturas, de religión.

¿Que haré el último día? Pues van a ser muchos últimos días, por ejemplo: la próxima semana les aviso a mis alumnas que me voy, tengo que hacerlo, porque se que me quieren y no me puedo ir sin despedirme, si las voy a extrañar, voy a extrañar estar parada frente a un grupo, yo les he dado cariño, pero he recibido mil veces más ¿no? y todo eso obviamente me remueve el corazón y me da la nostalgia de lo que voy a dejar. Ese es un día de despedida, dentro de 5 semanas se termina el ciclo escolar y entonces ahora si será el último, que se, me envolverá la tristeza, porque lo que más extrañaré será a mis niñas".

Gracias por 40 años sembrando formación y conocimiento en tantas alumnas.

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