La sonrisa que levantó a México en el 19S, Lucy Zamora


El pasado 19 de septiembre a la 1:14 de la tarde Lucy quedó sepultada bajo los escombros del edificio que colapsó en la calle de Álvaro Obregón 286, en la colonia Roma a raíz del sismo en la Ciudad de México, sin embargo, al ser rescatada, su sonrisa sorprendió al mundo entero, ya era otra. No sólo se liberó de la carga del concreto, sino dejó entre escombros sus miedos y desenterró su fuerza.

EL SISMO

Desde hace un par de meses Lucy Zamora trabajaba de dos a tres veces por semana en ese edificio. El 19 de septiembre tras una mañana ajetreada en la Ciudad de México planeó su día, llegó a trabajar al piso tres y justo después del sismo quedó sepultada bajo toneladas de concreto.

“Sentí el movimiento, no suelo "apanicarme" ante estos eventos, pero lo sentí tan fuerte que me levanté y tomé el celular. Era difícil moverse, las cosas se empezaban a caer. Yo me encontraba cerca de las escaleras, pero no me dio confianza bajar por ahí, además yo nunca había hecho un simulacro en ese lugar, entonces Isaac, un compañero me guió hacia la escalera de servicio a la que nunca llegué por el violento movimiento que cimbraba la tierra, el inmueble, la gente. En cuestión de segundos vi caer el edificio, se apagó la luz y enseguida me vi cubierta de tierra totalmente. Me quedé sin voz y con la respiración cortada. Tuve miedo”.

36 HORAS BAJO LOS ESCOMBROS

Al quedar atrapada bajo los escombros con su compañero Isaac, Lucy trató de hacer una llamada, pero no pudo, revisaron si no estaban heridos, rezaron y fue en ese momento cuando se dieron cuenta de la magnitud de lo que había ocurrido; estaban cubiertos completamente por concreto, casi inmovilizados, en completa obscuridad, en una posición incomoda. El pelo, el cuerpo y la ropa estaba cubierta de polvo.

Lucy pasó 36 horas bajo los escombros en compañía de Isaac y en otro piso estaba Paulina, con la que tuvieron comunicación sólo a gritos. En esas horas Lucy rezó, lloró, dudó, gritó y finalmente aceptó y tuvo fe.

“En ese momento tuve todo tipo de emociones y sensaciones, desde miedo, dudas, fe y esperanza de que saldría de ahí. Lo primero que hice fue rezar, dije: -Dios sácame de aquí, protégeme-. Luego pensé, ¿qué pasó en México, de qué magnitud fue? Y por supuesto pensé en mi familia y acepto que tuve un pensamiento fatalista donde quizá ellos tampoco la estaban pasando bien. Ya que me tranquilicé pensé positivo y los visualicé bien. La angustia vino cuando pensé que ellos no iban a saber de mi, ese fue el pensamiento más recurrente durante todo el tiempo. Visualicé todo el tiempo el encuentro con mi hermana, porque el poder de las palabras y el pensamiento juegan un rol importante.”

No pararon de gritar por mucho tiempo, luego pasaron horas en silencio, otras tantas conversando, pasando de la trivialidad a la profundidad. Había momentos en los que Isaac decía —¡No lo puedo creer, Dios mío, ¿por qué?!—. También había momentos en los que Lucy lloraba, y por fin después de horas de desesperación llegó la esperanza al escuchar maquinaria cerca de ellos, lo malo es que esas voces se fueron disipando y no llegaron esa noche a donde ellos se encontraban, luego llegó un periodo de silencio muy largo.

EL RESCATE

“En uno de los silencios que hubo alguien nos preguntó por nuestros nombres. Enseguida respondimos: ¡Que Dios los bendiga! Dijimos nuestros nombres. Ellos respondieron: —La labor de rescate va a empezar—, eso fue increíble.”

Desde el momento que el grupo de rescate detectó que había vida y salvaron a Paulina transcurrieron cinco horas. Ambos tenían incertidumbre, miedo por posibles derrumbes, no sabían como los iban a sacar, pero su esperanza no cesaba. A veces la desesperación les ganaba, pero volvían a recobrar la fe. Primero rescataron a Isaac, él no quería salir por miedo a dejar a Lucy sola, sin embargo no había manera de que ella fuera rescatada primero.

Al salir Lucy su sonrisa se captó a través de una fotografía que le devolvió la esperanza a México.

“Esa sonrisa se la debo al cuerpo de rescate porque en todo momento me hicieron olvidar que yo estaba adentro, todos bromeaban, me hacían reír. Sonreí cuando dijeron —Lucía voltea, estás afuera—, esa sonrisa fue por el contacto con el exterior. Cuando salí estaba chispeando, vi un ejército de gente y comprendí que estaban trabajando por mi. Todo mundo me trató con mucho cariño, con muchos ánimos, con mucho cuidado. Coreaban mi nombre de una manera impresionante, estaban felices, como cuando se recibe a un bebé. Dentro de lo malo festejaban porque para ellos cada vida es un logro. Esa sonrisa fue porque la esperanza que tenía se hizo realidad, de salir a la vida y volver a abrazar a mi hermana.”

LA METAMORFOSIS

Que un edificio se desplome sobre usted no es cualquier cosa, de hecho es algo inesperado, poco creíble, una historia que pareciera de película. En ese momento los problemas de la vida diaria pasan a segundo plano o a tercero.

Quizá la profunda oscuridad y la incertidumbre hicieron que Lucy se transportara hacia un viaje interior en busca de la reflexión, del auto-conocimiento, de la espiritualidad, de la fe y la esperanza, y es que en el silencio convivimos más con nuestra conciencia, se concentran mejor nuestros sentidos, se escucha mejor a Dios.

“Entre polvo y lágrimas reconocí mi fortaleza física y mental. Mi mente estaba determinada a luchar contra la voz interna que sugería un escenario fatalista. Pensé: si estoy ilesa bajo toneladas de cemento perfectamente acomodadas a mi alrededor, es porque afuera hay algo para mí. Se lo cuestioné una y otra vez a Dios incluso le exigí una respuesta.”

LUCY ES OTRA

Antes del sismo sus duelos y batallas a lo largo de su vida han sido con la muerte. A los 20 años de edad su madre murió y un año después fue su padre. Sus abuelos maternos fueron como sus padres para ella y para su hermana, lamentablemente murieron también.

“Tratar los duelos y cambios esperados e inesperados en mi vida para mi ha sido muy duro, han sido muchos retos, salir de uno para entrar a otro, de acomodar mi vida, de perdonarme muchas cosas, de manejar el enojo, de vivir el presente y no el pasado. La vida me ha dado muchas lecciones que me han forjado ese carácter que yo no quería descubrir.”

Lucy actualmente vive una dualidad de emociones, llora y se abruma al recordar lo que ocurrió, pero también es feliz de poder contar su historia. Está impresionada por su sonrisa de aquel día. Agradecida con los rescatistas por darle una segunda oportunidad. Ahora puede distinguir mejor entre las cosas mayores y las menores, los problemas pequeños y los problemas grandes, las banalidades y lo realmente importante.

“Creo que la reflexión que siempre tuve en mente fue ¿Qué me espera allá afuera? Dios quiere algo más grande para mi. No es mi tiempo de morir definitivamente, tengo planes. No quise caer ni en despedidas ni en nostalgia y creo que eso me mantuvo con la convicción de que yo saldría.

Antes del sismo creo que ya tenía la fortaleza física y mental, pero no la aceptaba. Dejé sepultado el dolor y acepté mi fortaleza. Hoy me creo fuerte. Me siento fuerte, con una nueva oportunidad. Si salí fue por algo, ahora me digo: —créetela y cree en esa fuerza que hay en ti, porque seguramente te servirá para otras cosas—. Tendré que empezar de nuevo con muchas cosas. Mi trinchera ahora es desde mi testimonio. Me di cuenta que desde las palabras también puedo ayudar, eso sirve para que la gente tenga esperanza si es que pasaron por algo similar o para afrontar cualquier circunstancia que se les presente.”

Lucy antes del sismo del 19 de septiembre, era una mujer que siempre luchaba por las cosas que quería, que salía adelante, que la vida le molestaba de pronto. Estaba un poco empañada por el dolor. La Lucy de ahora entiende que el dolor es parte de la vida, lo dejó bajo los escombros y ahora vive más suelta, más ligera. Ya no tiene esa necesidad de tener el control sobre todo.

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