Un buen arroz


Todo el mundo piensa que hacer arroz es facilísimo, dicha enunciación es absolutamente falaz. Cuando mi abuelita me enseñó a cocinar, una de las cosas que más trabajo me costó aprender a hacer fue el arroz, se me quemaba, quedaba muy aguado, o bien muy pegostioso; el gran problema de este platillo reside en que, aunque se te queme la parte de abajo si se sirve lo de arriba, todo sabe a quemado aunque no se vea como tal.

Al igual que el arroz, en la vida hay cosas que creemos que son muy sencillas, pero en realidad son de lo más complicadas. Una de éstas es la amistad, la cual pareciera algo muy natural, pues todos tenemos o hemos tenido amigos en algún punto de nuestras vidas, sin embargo, la amistad es mucho más compleja de lo que imaginamos; es más difícil que el amor de pareja, pues en dicho caso los amantes comparten la atracción que de una u otra manera nos hace perdonar y regresar al otro, es más difícil que el amor filial pues en éste se comparte la sangre, la educación y todos los momentos familiares.

Más aún, existen diferentes tipos de amistad, la amistad entre colegas de trabajo, la amistad entre personas del sexo masculino, y la más difícil de todas, “la amistad entre mujeres”, esta última es sumamente complicada, se manejan al mismo tiempo tantos niveles de acción en la mujer que el sexo femenino en sí mismo es un ente profundamente complejo.

Pasé varios días pensando en la mujer como un ingrediente o platillo y no fui capaz de llegar a ninguna conclusión, así que hice una pequeña encuesta entre mis amistades quienes comentaron lo siguiente: la mujer es como la mantequilla, suave, delicada y se te escapa entre las manos, reconfortante como el caldo de pollo; es como la sal, en exceso echa a perder un platillo y sin ella nada te sabe; como el aceite de oliva suaviza, da sabor, es buena para la salud y no te das cuenta de cuánto la necesitas hasta que te hace falta.

Resultado de dicha encuesta encontramos que efectivamente, en la mujer concurren dos aspectos que se enfrentan continuamente, la delicadeza y el peligro; de ahí que la amistad entre mujeres sea sumamente complicada, es como poner juntos a un par de peces, o se llevan muy bien o uno se come al otro.

Dentro de la amistad femenina también existen diferentes prototipos, está la amistad de utilidad, en la cual una solo busca que la otra le sea útil, esto puede ser una “amistad” de negocios, por ejemplo. Se encuentra la amistad de placer, la cual se da en cuanto una le ofrece algún tipo de placer a la otra -muy parecida a la primera-, por ejemplo, la amiga que siempre te invita a comer; pero sólo existe una forma de “amistad perfecta” , aquella que se da entre personas buenas y virtuosas, es decir, la verdadera amistad femenina se da entre aquellas damas que desean el bien a sus amigas aun cuando no reciban necesariamente nada a cambio, en realidad, querer a una amiga implica también quererse a una misma, pues nadie da lo que no tiene, y solo se puede tener verdaderas amigas cuando una es también amiga de sí misma.

Algo más, la amistad perfecta se da entre iguales, no es necesario que las implicadas sean de la misma clase social, pero sí que compartan la misma educación y los mismos valores, si esto no existe es imposible que nazca la amistad, pues elegimos a nuestras amigas porque preferimos una forma de ser moral y porque poseemos la misma intención, que es la de hacerle bien a la otra y compartir cosas en común.

La amistad entre mujeres, al igual que la gelatina, es difícil que cuaje si no se añaden la cantidad necesaria de grenetina, pero una vez que cuaja, solidifica bien y en la mayoría de los casos es para siempre, las auténticas amigas tienden a quererse, a cuidarse y a protegerse entre ellas, una indudable amiga es profundamente compartida, pues en la amistad de benevolencia no existe el egoísmo, es ella entonces la persona ideal para ser recipiente de las terribles penas y los más grandes éxitos.

Cocinar una auténtica amistad entre mujeres es cosa de una gran chef, debe de hacerse con mucho cuidado, estar al pendiente de todos los detalles, es un platillo que lleva tiempo y dedicación, debe adornarse por fuera sin dejar de hacerse substancioso por dentro; y al igual que la sal y el azúcar, con los años se necesita una buena amiga cada vez más.

La amistad entre mujeres, es similar al arroz, ninguna mujer revela los pequeños secretos que hacen único el mejor de los sabores; y así como el platillo en cuestión, la magia para que se cocinen bien las amigas consiste en que se necesita una tapa donde no entren hombres, la cual no se quita hasta que el arroz esté bien cocinado, de otro modo, como dice mi abuelita “se lo lleva la bruja”, y finalmente, el último truco está en que uno pone el fuego bajo y lento, y las amigas hacen el resto.

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