Las cosas por su nombre


Una sonriente niña aparece en un spot gubernamental diciendo felizmente que va a una primaria en la que por las tardes tiene actividades diversas después de clases. La voz en off anuncia que ya se están operando 25 mil escuelas de tiempo completo en el país.

Si bien se trata de una necesidad que se está satisfaciendo, dista mucho de cubrir a los millones de niños de entre 6 y 16 años que llegan a sus casas tras el horario de clases sin que un familiar adulto los reciba. Son los “niños de llave”. La traen colgada al cuello para abrir la puerta y atenderse solos, calentarse la comida, y en el mejor de los casos, hacer la tarea por la tarde.

La televisión y las nuevas tecnologías los distraen hasta que llegan los padres, pero no los forman. Los niños no supervisados, muchas veces encuentran respuestas donde no deben y desarrollan una sensación de abandono por la poca o nula atención que reciben.

Una de las promesas de campaña del presidente Peña fue la cobertura de al menos el 40 por ciento de las casi 208 mil escuelas de educación básica del país, con el sistema de tiempo completo. Apenas va el 12 por ciento y en lo que resta del sexenio - año y cinco meses - dudo mucho que el presidente llegue a lo prometido. Es decir, tendrían que sumarse más de 58 mil planteles al sistema de escuelas de tiempo completo para lograr la cobertura con la que convenció a tantos votantes en su feroz campaña política. Y eso ya no será posible. Convertir una escuela al horario extendido no es fácil; implica asignar enormes recursos a maestros para que estiren su tiempo en la escuela, contratar personal extra e insumos para darles de comer a los niños, acondicionar aulas y otros espacios para las actividades deportivas, artísticas, culinarias, etc.

Estoy convencida, al igual que usted amable lector, que no hay dinero mejor gastado que en una educación de calidad, sobre todo en esas edades en que, ahora más que nunca, los niños y adolescentes necesitan tanto acompañamiento, formación humana en valores, desarrollo de competencias sociales, etc.

Hoy las familias viven dinámicas de vida inéditas: las madres trabajan en su gran mayoría. Su ingreso es indispensable para el sostenimiento del hogar. En muchos casos son tan proveedoras como los varones. Las mujeres cercanas a la familia, la abuela, tías, vecinas, etc., por lo general también trabajan, así es que recurrir a estas otras mujeres ya no es opción. Por ello, las escuelas de tiempo completo con amplia cobertura atenderían una gran demanda de las familias mexicanas, y se observaría uno de los más importantes principios constitucionales de nuestro país: el interés superior de la infancia.

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