Charles Chaplin un personaje fuera de serie

 

“Un día sin reír es un día perdido”. Esta frase proviene de la mente genial de un hombre cuya vida definitivamente no fue sencilla pero que al final de todo se logró acomodar a su manera a través de una palabra que pareciera difícil de encontrar, el optimismo.

Charles Spencer Chaplin fue hijo de padres judíos quienes dedicaron su vida entera a los escenarios en ámbitos de música y actuación, aparentemente, no les faltaba nada como familia ya que el éxito siempre los acompañó, a pesar de esto la adversidad se presentó en la vida temprana de Chaplin cuando su padre lo abandonó tras caer en problemas de alcoholismo, sobra decir que después de esta racha la familia pasó por un momento de pérdida emocional, entonces su madre tomó la entera responsabilidad de hacerse cargo de sus dos hijos y juntos lograron salir adelante. Tiempo después Hannah, la madre de Charles cayó en depresión por la pérdida de sus cuerdas vocales lo que le impidió seguir cantando. Esto fue un golpe tan duro que ya en su juventud Chaplin tuvo que dejarla en un asilo mental en Inglaterra y de esta manera emprender un nuevo camino en el mundo de la comedia y actuación siempre con la finalidad de ayudarla. 

El camino que trazó a la cumbre del éxito no lo logró de un día para otro, pasaron 12 años desde su primer presentación para que pudiera despuntar en el complejo mundo actoral, su camino no fue nada fácil pues tuvo que sobreponerse a humillaciones y malos tratos por parte de directores y productores, ante esto las únicas armas que  utilizó para lograr todo lo que se propuso fueron la pasión, optimismo y amor por hacer lo que más le gustaba en la vida que era reflejar su trabajo a través de la sonrisa del público.

Con tan sólo 19 años de edad, Charlie entró a Hollywood alcanzando así uno de sus mayores sueños: actuar en películas, realmente fue un genio ya que en ese entonces el cine aún era mudo así que con sólo con expresiones y movimientos logró transmitir felicidad y sonrisas. El 2 de febrero del 1914 fue un gran día para él ya que se estrenó: “Ganándose la vida”, su primer película y desde ese momento descubrió que el cine era uno de los caminos para encontrar su propia felicidad, así que con optimismo siempre logró cumplir cada uno de sus sueños, fue tanto el empeño que le puso a su vida que llegó a ser director y productor de sus propias películas y en 1972 ganó un premio Oscar por su aclamada composición musical en el largometraje: “Candilejas”. Hasta 1976 permaneció activo en la industria cinematográfica dejando una huella imborrable gracias a su gran pasión y gusto por hacer que las cosas funcionaran a través de una mentalidad siempre positiva sin importar las adversidades presentadas en el camino.

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